“La mayoría de las personas no saben que cuando tú empuñas un arma para matar a otra persona y logras matarla, tú estás muerto. Estás vivo caminando, pero ya estás muerto, porque en tu corazón no hay nada, solo odio. Y quien vive para dañar, ya está muerto”.
Con esta reflexión, Doris Valenzuela —sobreviviente del paramilitarismo en Colombia y víctima de violencia machista, de género e intrafamiliar, asesinada por su ex pareja en el exilio— dejó una huella profunda sobre el impacto de la violencia contra mujeres defensoras. Su memoria y lucha inspira la Escuela de Protección Integral para Mujeres y Diversidades Defensoras de Derechos Humanos que lleva su nombre.
Entre 2025 y comienzos del 2026, el Programa Somos Defensores realizó la segunda edición de esta Escuela consolidándola como un espacio de formación, confianza y cuidado colectivo para mujeres y diversidades que defienden derechos humanos en contextos de alto riesgo.
La Escuela reunió a más de 12 organizaciones nacionales provenientes de territorios afectados por la violencia armada, la conflictividad social y la desigualdad estructural que persiste en el país. Durante cuatro sesiones presenciales, las participantes fortalecieron capacidades en:
- Sistematización y documentación de agresiones.
- Análisis de riesgo con enfoque diferencial.
- Estrategias de incidencia política.
- Autocuidado y cocuidado como prácticas de protección.
- Fortalecimiento organizativo para la sostenibilidad de los procesos sociales.
Más que un espacio académico, la Escuela fue un lugar de juntanza: un encuentro para compartir experiencias, reconocer miedos, intercambiar aprendizajes y construir herramientas concretas que puedan ser replicadas en comunidades, barrios, veredas y organizaciones.
Durante el proceso formativo, las defensoras conocieron la experiencia del Programa en protección, monitoreo, documentación e incidencia nacional e internacional. Estas herramientas permiten tomar decisiones informadas, basadas en evidencia y análisis, lo que fortalece la participación ciudadana y la capacidad de respuesta frente a riesgos.
La protección integral no se limita a medidas físicas, implica fortalecer el tejido organizativo, mejorar los flujos de información y consolidar redes de apoyo. Una organización sólida es una organización más protegida.
La clausura de la Escuela fue un acto cargado de simbolismo y saberes territoriales. Hubo canto tradicional, espiritualidad, memoria afrodescendiente y ritualidad. Fue un encuentro que evocó el río, la montaña, los barrios populares y las fronteras entre el campo y la ciudad.
El abuelo tabaco, la luz compartida, el viche y el encocado no fueron simples elementos culturales: representaron identidad, resistencia y comunidad. La protección también nace de la cultura, de la memoria y de la fuerza espiritual que sostiene a quienes defienden la vida, la tierra y los territorios en una Colombia donde aún persisten la estigmatización, las amenazas y los asesinatos contra liderazgos sociales, contra las mujeres y las disidencias sexogenericas.
En febrero de 2026, el Programa realizó un acto simbólico de reconocimiento a las mujeres y diversidades participantes, destacando su compromiso con el derecho a defender derechos y su aporte a la construcción de comunidades más justas y seguras. La segunda edición de la Escuela Doris Valenzuela reafirma que la protección de defensoras requiere formación continua, redes de apoyo y compromiso institucional.
Este proceso fue posible gracias al apoyo de Pan Para el Mundo, un aliado estratégico comprometido con la defensa de los derechos humanos. La invitación sigue abierta a que más organizaciones, universidades y actores de cooperación internacional se sumen a fortalecer caminos de dignidad, justicia y protección integral en Colombia.




