Una condecoración con historia, y con una deuda pendiente
La Orden de Boyacá tiene su origen en 1819, cuando Simón Bolívar decidió distinguir a quienes participaron en la Campaña Libertadora. Desde su restablecimiento en 1919, ha sido conferida a jefes de Estado, diplomáticos, científicos, empresarios y deportistas, entre otras personas de la sociedad civil que contribuyen con sus acciones al país.
Sin embargo, en más de un siglo de otorgamiento moderno, las personas defensoras de derechos humanos prácticamente no habían sido incluidas entre quienes reciben esta distinción. Mientras el Estado condecoraba a quienes representaban sus instituciones, quienes defienden el derecho a defender derechos enfrentaban estigmatización, señalamientos y, en muchos casos, la muerte por ejercer esa labor.
Por eso, para el Programa Somos Defensores, este reconocimiento tiene un significado que trasciende lo institucional: es un gesto de justicia histórica hacia miles de líderes, lideresas, campesinas, de los derechos de las mujeres, de las comunidades LGBTIQ+, comunitarios, comunales, barriales, eclesiales de base, periodistas, sindicalistas, estudiantiles ambientalistas, abogados, activistas de derechos humanos y comunidades étnicas que han trabajado por la democracia, la vida digna y la defensa de la naturaleza desde la sociedad civil, muchas veces a costa de su propia seguridad y su vida.
El pronunciamiento institucional del Programa Somos Defensores
Frente a este reconocimiento, el Programa Somos Defensores señala:
«Este reconocimiento con la Orden de Boyacá es un homenaje al trabajo que diariamente hacen las personas defensoras de derechos humanos y los liderazgos sociales en colombia, quienes exigen el derecho a la vida digna, la permanencia en el territorio, los derechos de la naturaleza, la paz y la democracia. Como PSD nos sentimos profundamente honrados de este reconocimiento ya que con nuestro trabajo hemos podido aportar a la protección de la vida de personas defensoras que estaban en riesgo, y fortalecer a las organizaciones y comunidades para que construyan sus propias medidas y estrategias de autoprotección frente a los riesgos que enfrentan quienes defienden derechos.
En estos años hemos podido dar a conocer al país cuál es la situación que viven las personas defensoras y cuáles son las agresiones que sufren, para hacer un llamado al Estado colombiano a que la violencia selectiva no sólo disminuya, sino que también se investigue, se sancione, y que el derecho a defender derechos en Colombia sea una realidad.
Debemos decir que, en estos cuatro años del gobierno de Gustavo Petro, la situación para las personas defensoras no fue fácil; siguió siendo difícil. Pero también reconocemos que ha habido avances en la agenda de garantías, como la construcción de la política pública integral de garantías, que esperamos se firme antes de que termine este Gobierno, dejando trazada la hoja de ruta para el cambio del modelo de protección.
Como Programa, seguiremos con nuestro compromiso inclaudicable con las personas defensoras, hasta que ninguna persona que ejerza esta labor esté en riesgo. Agradecemos al Presidente y al Gobierno por este reconocimiento, pero insistimos en que lo más importante es que el Estado colombiano no solo comprenda el valor de esta labor, sino que realmente cumpla con su deber de proteger a quienes defienden derechos.»
El mensaje del Presidente Petro
Para el presidente Gustavo Petro Urrego, la condecoración representa un reconocimiento al papel esencial que desempeñan las personas defensoras de derechos humanos en la construcción de una sociedad democrática y en la protección de los bienes comunes. Durante la ceremonia, destacó que quienes reciben esta condecoración “son representantes de organizaciones que merecen tener este homenaje que dejó el Libertador Bolívar», en reconocimiento a su trabajo «por su defensa de derechos humanos», «por defensa de la verdad», «por defensa de un territorio», «por defensa de una manera nueva de producir más sostenible» y «por defensa de la mujer». El presidente subrayó además que, ante los desafíos que enfrentan las democracias, las personas defensoras tienen «un papel vital» y llamó a fortalecer la articulación entre movimientos sociales más allá de las fronteras nacionales: «tenemos que establecer enlaces con otros pueblos del mundo» porque «nuestras luchas cada vez van a ser menos locales y más globales».
En ese sentido, la condecoración trasciende el reconocimiento individual para reivindicar la labor de quienes, desde los territorios, contribuyen a la defensa de los derechos humanos, la democracia, la justicia ambiental y la dignidad humana, en un contexto donde la cooperación entre pueblos es presentada como una condición indispensable para preservar la libertad.
Un llamado que va más allá de la condecoración
Para el Programa Somos Defensores, otorgar la Orden de Boyacá a quienes defienden derechos humanos no resuelve por sí sola la crisis de violencia que enfrenta el país, ni sustituye las obligaciones del Estado de prevenir agresiones, combatir la impunidad y garantizar condiciones seguras para ejercer esta labor. Pero sí tiene un enorme valor democrático: reconoce que defender los derechos humanos no es una actividad marginal, sino un servicio esencial para la República.
Por ello, el Programa Somos Defensores junto a la Coordinación Colombia Europa Estados Unidos y el Colectivo de Abogados y Abogadas Jose Alvear Restrepo, organizaciones también condecoradas reiteramos el llamado al Estado colombiano para que este reconocimiento simbólico se traduzca en hechos concretos: la firma y puesta en marcha de la política pública integral de garantías, la transformación real del modelo de protección, y el compromiso efectivo de investigar y sancionar la violencia selectiva contra quienes defienden derechos en Colombia.
La condecoración no se limitó a un reconocimiento individual
La Orden de Boyacá fue otorgada también a organizaciones y plataformas sociales, a defensoras y defensores de derechos humanos, a sindicalistas, a defensores de la niñez, a madres buscadoras, a líderes y lideresas sociales, populares y comunitarios, a comunidades indígenas y campesinas, y a artistas que desde sus territorios y sus formas de expresión, organización y luchas, han sostenido la memoria y la resistencia del país.
El Programa Somos Defensores reconoce y felicita a cada una de las personas y colectivos galardonados, porque sin su labor cotidiana — muchas veces invisibilizada y ejercida en condiciones de altísimo riesgo — no sería posible construir justicia, luchar por alcanzar la paz, fortalecer la democracia ni garantizar el cuidado de la casa grande que todos habitamos. Su compromiso, sostenido y, a pesar de la adversidad, es la base misma sobre la cual se erige cualquier posibilidad real de transformación social en Colombia.



